Escrita por: Elisa Ochoa
La respiración acompaña nuestra vida: nacemos con una inhalación y morimos con una última exhalación. Pero a pesar de estar presente en cada instante y de sostener nuestra vida, muy pocas veces somos conscientes de ella. Su presencia es tan sutil que casi siempre pasa desapercibida, aunque su huella está en todo lo que hacemos: en la manera en que escuchamos, en el tono con el que respondemos, en la claridad con la que tomamos decisiones. Basta con detenernos un momento para notar que cada respiración cambia el modo en que percibimos y habitamos el mundo.
Respirar con completa atención nos permite asumir la vida de una forma más calmada, creativa y presente. Thich Nhat Hant recuerda que: “La respiración es el puente que conecta la vida a la conciencia, que une tu cuerpo con tus pensamientos”. Volver a la respiración es regresar a casa, al instante en el que todo acontece, es invitar a la mente a estar atenta y libre de dispersión.
No es casualidad que distintas tradiciones hayan reconocido el vínculo entre respiración, pensamientos y creatividad. Para los griegos, pneuma significaba a la vez aire y espíritu; en la India, el prana es entendido como energía vital, aquella fuerza invisible que anima a todo en el universo, que muchas veces se asocia a la respiración, aunque no se limita a ella. Así mismo, en muchas culturas, como el judaísmo con el ruach, los chinos con el ki, los mayas con el ik, se ha visto la correlación entre aire y espíritu.
El aliento se concibe como lo que nos conecta con el cosmos. Bien lo decía Plotino, alumno de Platón: “todo respira junto”. Esta conexión entre nuestra vida interior y el mundo es tal vez la forma más simple y a la vez poderosa de recordar que no estamos separados, sino tejidos en la misma corriente de aire y conciencia.
Ese tejido no es solo simbólico, es profundamente real. Cada inhalación lleva dentro el oxígeno que los árboles y otros seres han liberado; cada exhalación devuelve al mundo lo que otros seres vivos necesitan para seguir respirando. Respiramos lo mismo, nos atravesamos en silencio, con sutileza, sin siquiera darnos cuenta. Lo que parece íntimo y privado es, en realidad, un acto compartido, una trama invisible de interdependencia.
Si estamos atentos, cada respiración también puede ser una brújula. Si te detienes a observarla, descubrirás que habla de tus decisiones, de los lugares que habitas, de la manera en que enfrentas tu día a día y de tus emociones. A veces la respiración se vuelve corta y tensa, revelando incomodidad o resistencia; otras, fluye amplia y serena, mostrando que estás en un lugar en el que puedes permanecer con calma. Escuchar tu respiración es escuchar tu postura frente a la vida, es preguntarte por lo que eliges, lo que sostienes y lo que necesitas soltar. Es también permitirte transitar de mejor manera lo que te sucede, tus emociones y tu relación con los otros.
Imagina por un instante que antes de cada palabra tomáramos una respiración en total presencia, nuestro día seguramente sería distinto. Tendríamos menos reacciones impulsivas y más respuestas conscientes; menos dispersión y, seguramente, más creatividad; menos tensión y conversaciones más amables y fluidas y seguramente, tomaríamos mejores decisiones. La respiración, ese gesto tan común y tan olvidado, se convierte en un recurso para vivir con mayor presencia.
Respirar es volver a ti, pero también recordar que participas en un mismo pulso con todos los seres. Cada inhalación sostiene tu vida y cada exhalación le da vida a los demás. En esa corriente silenciosa se enlazan la atención, la creatividad y la presencia, recordándonos que lo que parece sencillo es también lo más profundo.
Reto semanal: cuidar la vitalidad en la cotidianidad
Durante esta semana, elige un momento cotidiano en el que sueles sentir tensión, puede ser una conversación difícil, la revisión de un correo en particular, una reunión de trabajo o un trayecto en el tráfico, y antes de reaccionar, practica la técnica de respiración 4-4-4-4: inhala en cuatro tiempos, sostén el aire en cuatro, exhala en cuatro y quédate sin aire otros cuatro. Hazlo al menos tres ciclos, y luego observa qué cambió en ti antes de dar respuesta o continuar con lo que estabas haciendo.
Después, escribe lo que notaste: ¿tu respiración se sintió más cómoda o más tensa?, ¿tuviste más claridad para tu decisión, conversación o actividad?, ¿apareció una idea distinta?, ¿sentiste mayor presencia?
Al final de la semana, revisa tus notas. Puede que descubras que cada respiro puede ser una guía silenciosa que influye en tu creatividad, en tu manera de comunicarte y en la forma en que eliges habitar el mundo.
Para seguir explorando
Te compartimos tres respiraciones guiadas que hemos grabado desde Conexpresión, para que puedas practicarlas en cualquier momento. Estas respiraciones te invitan a la calma y a la presencia, al tiempo que te ayudan a entrenar tu capacidad respiratoria para recibir todos los benenficios de una respiración consciente.
En esta charla TED, Mauricio González López, doctor en psicología, aporta las bases científicas detrás del entrenamiento respiratorio y su influencia en la salud física y psicológica.
Práctica para aumentar presencia en la respiración, dirigida por Esteban Augusto Sánchez, practicante y profesor de yoga y meditación y coanfitrión del podcast Yogaverso.
