Habitar la emoción: entre la reacción y la presencia
Escrita por: Elisa Ochoa
La vida no ocurre en un retiro de meditación ni en condiciones perfectas. Ocurre mientras intentas responder un correo urgente, mientras recuerdas algo muy importante que olvidaste hacer, mientras luchas para que tus hijos salgan a tiempo para el colegio o en medio del silencio tenso que acompaña una discusión. Y es precisamente en esos momentos cotidianos donde las emociones nos visitan sin aparente aviso y donde pueden desbordarse.
El neurocientífico Joseph LeDoux decía que las emociones son los hilos que mantienen unida nuestra vida mental. Pero tenemos que aceptar que en ocasiones estos hilos se enredan. La pregunta que nos hacemos aquí es: ¿Qué hago con la emoción cuando llega?, y ¿cómo no convertirme en víctima de mis propias emociones?
El cuerpo como primer lugar de la emoción
Solemos creer que gestionar una emoción se refiere a un proceso puramente intelectual, algo que podemos resolver si pensamos mucho. Sin embargo, la experiencia y la neurociencia dicen lo contrario. Antes de que tu mente te permita decir “estoy enojada, triste o tengo miedo”, tu cuerpo ya lo expresó. Quizás apareció un calor en tu rostro, un nudo en el estómago, un sudor en las manos o tu mandíbula se apretó de repente. Puede que esta señal haya pasado desapercibida, pero sucedió.
El filósofo William James decía una frase que puede sonar contraintuitiva, si se analiza solo desde la mente, pero que se siente muy real: “No lloro porque esté triste, estoy triste porque lloro”. El cerebro escucha las sensaciones del cuerpo y envía señales de acuerdo a estas. Si tu cuerpo está en tensión, tu mente buscará razones para estar alerta.
Habitar la emoción, en primer lugar, tiene que ver con aprender a reconocer esas pequeñas señales que envía el cuerpo. Es dejar de ver la emoción como un concepto abstracto y empezarla a entender como una energía en movimiento. Si logramos notar esa tensión antes de que se convierta en un grito del cuerpo, recuperamos nuestra capacidad de gestionar la emoción; permitiéndonos accionar en lugar de reaccionar.
La emoción como energía y no como etiqueta
Las investigaciones en neurociencia nos ayudan a entender que la emoción no aparece en el vacío, sino que es una respuesta de nuestro sistema nervioso para ayudarnos a navegar la realidad. Pero nuestra mente, en su intento de entenderlo y darle sentido a todo, suele identificarse con la emoción y convertirla en una verdad absoluta sobre quiénes somos. Terminamos usando la emoción como una etiqueta inamovible.
El neurocientífico Antonio Damásio explica que nuestro cuerpo genera unas marcas o señales físicas, que él llamó marcadores somáticos, que funcionan como atajos para la toma de decisiones. Imagina que tu cuerpo es una gran base de datos y cada que vives algo, tu cerebro guarda la información física de esa experiencia. Cuando te enfrentas a una situación similar se reactiva esa sensación. Por ejemplo, un nudo en el estómago es una señal informativa, un resumen de una experiencia pasada que intenta decirte algo que el intelecto aún no ha procesado.
Y justamente aquí está la clave, que el cuerpo envíe una señal no significa que debamos quedarnos ancladas a ella. El marcador somático es solo un aviso. Al entender que las sensaciones son procesos biológicos transitorios empezamos a hacernos conscientes de que no somos la tristeza, ni el miedo, ni la rabia, ni siquiera la alegría o la calma. Simplemente somos organismos vivos procesando información. La emoción, entonces, es algo que nos sucede, pero no es nuestra identidad.
La autopista y el sendero y ¿por qué reaccionar es tan fácil?
¿Alguna vez te has sentido víctima de una emoción? O ¿te has dicho a ti misma que no deberías seguir respondiendo de cierta manera y sin embargo lo haces? No es falta de voluntad, es diseño biológico.
Nazareth Castellanos explica que en nuestro cerebro existe una autopista de alta velocidad que va desde la amígdala, que es el centro de alarma emocional, hacia la corteza prefrontal, que es la región implicada en la regulación, la atención y la toma de perspectiva. Sin embargo, el camino de regreso, que es el que nos permite calmarnos y regularnos, es apenas un sendero de arena. La emoción siempre llega antes de que lo haga el pensamiento consciente.
Habitar la emoción no es luchar contra la autopista, sino aprender a caminar con paciencia por el sendero arena hasta que, de tanto transitarlo, lo convirtamos en una carretera fuerte y de fácil acceso. Es la capacidad de ser, a la vez, actor y espectador de nuestra propia vida y de nuestras emociones. Es sentir la emoción (actor) mientras observamos con curiosidad lo que genera en nosotras (espectador). Esta distancia es la que nos permite reconocer que, aunque la emoción sea real, es impermanente. Es una visita y no una residente.
Reto semanal: habitar la emoción en lo cotidiano
Durante esta semana, te invitamos a observar de forma sencilla y constante tus movimientos emocionales sin modificar tu rutina. La propuesta consta de dos prácticas breves que puedes realizar en diferentes momentos del día.
1. Tres momentos para volver al cuerpo
Elige de forma consciente tres momentos de tu cotidianidad:
- Al inicio de la mañana, antes de comenzar tus rutinas.
- En algún momento intermedio, cuando ya sientes cansancio y tensión.
- Al final de tu jornada.
En cada uno de estos momentos, detente un minuto y observa: ¿cómo está tu respiración?, ¿cuál es la postura de tu cuerpo?, ¿en qué lugares notas mayor tensión?, ¿cuál es la emoción predominante?
En este audio te compartimos una práctica de escaneo corporal que te puede ser útil para esta observación:
2. Mini pausa emocional
Te invitamos a estar atenta a la aparición de una emoción intensa durante el día, no importa si es agradable o incómoda. Cuando esto suceda:
- Trata de nombrar esta emoción y evita emitir juicios.
- Trata de identificar una sensación corporal concreta asociada a esta emoción.
- Permanece observando y sintiendo durante tres respiraciones.
En una de estas pausas te invitamos a que realices las prácticas que te dejamos en el siguiente video y que te pueden ayudar a soltarte.
Al final de la semana, pregúntate: ¿qué emociones aparecieron con más frecuencia?, ¿qué relación tuve con mi cuerpo?, ¿en qué momentos pude habitar lo que sentía con mayor claridad y cuidado y en cuáles se me dificultó más?
Para seguir explorando
La neurocientífica Nazareth Castellanos nos explica de forma muy simple como funcionan las emociones en el cerebro.
En este video, el neurocientífico Antonio Damásio nos habla sobre la relación entre las sensaciones y las emociones, así como la diferencias entre emociones y sentimientos.
