Seleccionar página

Cuidar el presente para sostener el futuro

Escrita por: Elisa Ochoa

¿Mi forma de trabajar y vivir hoy me permitirá hacerlo igual de bien en cinco, diez o quince años?  

Esa pregunta, en apariencia sencilla, puede llegar a incomodar y eso está bien. Incomodarnos puede ser una forma muy efectiva de observar esos lazos invisibles que cargamos y que no nos hemos dado el tiempo de reconocer, ya que muchas veces vivimos en una especie de inercia: respondemos correos, cumplimos tareas, nos fijamos horarios y nos exigimos un poco más cada día… hasta que un día sentimos que la energía ya no nos alcanza y que el tiempo no es suficiente.  

La vitalidad no es un recurso que se agote de manera inevitable, como si fuera un tanque de gasolina; sino más bien, algo que se cultiva, que se siembra: con pausas, descanso, sentido y cuidado. 

El problema es que no siempre nos relacionamos así con nuestro trabajo, con nuestras rutinas, y en general con nuestra vida. Hannah Arent decía que la modernidad había reducido al ser humano a un animal laborans, alguien absorto por el trabajo y la producción. Por su parte, Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, afirma que, en la sociedad actual, ya no solo producimos bajo una presión externa, sino que ahora somos nosotros mismos quienes nos autoexigimos sin parar. Así hemos pasado de una sociedad del deber al poder, donde siempre podemos ser más productivos, más creativos, más saludables, más eficientes. Y ese “sí se puede” nos va llevando a un estado de cansancio no solo físico sino también existencial. 

Nos mantenemos en el terreno de la sobrecarga. Una vida en la que la exigencia, en lugar de fortalecernos, nos desgasta. Una vitalidad puesta a prueba constantemente hasta que se rompe. Lo que muchas veces se nos olvida es que esa no es la única manera. Podemos pensar en lugar de cargas en impulso, como la fuerza justa que nos sostiene, nos llena de vida y de sentido. Como un esfuerzo que nos fortalece sin quebrarnos. Igual que una planta necesita luz y agua, pero también sombra y viento, nosotros necesitamos encontrar un ritmo donde la exigencia no asfixie la vida, la creatividad y la alegría, sino que al contrario las renueve.

Cultivar la vitalidad no significa huir de todo lo que drena energía, porque no siempre podemos elegir las tareas que nos tocan, sino encontrar un balance entre lo que nos quita y lo que nos da vida. O por qué no, darle, siempre que sea posible, un lugar distinto a todo eso que parece una carga, resignificarlo, asumirlo con una actitud diferente en la medida de lo posible. Entendiendo también que no todas las cargas y las exigencias pueden ser resignificadas. A veces será cambiar de ritmo, otras será recuperar o encontrar prácticas que nos hacen bien, otras simplemente concedernos una pausa sin sentir culpa, crear espacio para que las ideas y la vida florezcan. Han lo llama “el aburrimiento profundo”: ese espacio donde dejamos de correr y en silencio puede florecer la creatividad o la simple capacidad de habitar el presente, tan perdida en nuestros días. 

La pregunta vuelve: ¿mi forma de trabajar me permitirá sostenerme dentro cinco, diez o quince años? Cuidar el futuro empieza en el presente. Ahí el cultivo de la vitalidad trae unas tareas concretas: integrar pausas, reconocer los ciclos de descanso, rodearnos de sentido, estar más presentes en nuestra propia vida y aceptar que no todo lo hacemos por elección pero que sí podemos buscar el equilibrio y abordar la vida desde un lugar más amoroso con nosotras mismas. 

Reto semanal: cuidar la vitalidad en la cotidianidad

Durante esta semana, detente a observar qué cosas te desgastan y cuáles te recargan de energía. Pregúntate cada noche y si es posible escríbelo:   

Cada noche, tómate un momento para preguntarte: 

  • ¿Qué me quitó hoy fuerza y claridad?
  • ¿Qué me sostuvo, me dio calma o me recordó mi vitalidad? 
  • ¿Puedo hacer un pequeño ajuste para cuidar mejor mi energía mañana? 

    Elige, además, una práctica nueva que quieras integrar, puede ser: 

    • Una respiración consciente antes de comenzar el trabajo o al momento de tomar una decisión importante. 
    • Recuperar una actividad que te apasiona y que has dejado de lado.
    • Regalarte un rato de ocio creativo.
    • Caminar sin prisa.
    • O simplemente, no hacer nada y permitirte aburrirte para observar a dónde te lleva el aburrimiento.

    No se trata de sumar más tareas, sino de redefinir tu relación con la productividad y contigo misma, recordando que cuidar el presente te permite sostener el futuro. Con el tiempo, estos gestos en apariencia sencillos van a crear otra forma de estar en el mundo, más sostenible y más tuya. 

    Para seguir explorando

    En esta charla TED la psicóloga Kelly McGonigal nos cuenta como la forma en que asumimos el estrés cambia la respuesta de nuestro cuerpo hacia él.

    Te dejamos esta respiración para la concentración y para que recuperes energía, alegría confianza y amor.

    En esta conversación de Conexpresión con Nicolás Escobar exploramos qué es el estrés, cómo influye en nuestra vida cotidiana y de qué manera afecta los ritmos del cuerpo y la mente. 

    Si tienes dudas o quieres sabes más, escríbenos: