La brújula personal y el encuentro con el propósito
Quiero pedirte, lo más claro que pueda, que tengas paciencia con todo lo que no está resuelto en tu corazón, e intenta amar las preguntas mismas, como si fueran cuartos a los que aún no has entrado o libros escritos en un idioma extranjero.
No busques respuestas que aún no te pueden dar: no puedes vivirlas ahora. Quizás entonces, algún día, gradualmente, sin darte cuenta, vivirás en la respuesta.
Rainer Maria Rilke
Escrita por: Elisa Ochoa
Si hoy te preguntaran: ¿para qué trabajas?, quizás la respuesta no surgiría de inmediato. Tal vez darías una frase hecha, de esas que se lanzan en las entrevistas de trabajo pero que realmente no logran representar lo que eres. O quizá, te has pensado y sentido lo suficiente y ya puedes ofrecer una versión más honesta y precisa. O incluso, puede que esta pregunta te genera un poco de ansiedad y no la logres responder, y eso está bien. Y es que a veces el propósito cabe en una frase breve; otras veces se muestra más bien como una intuición tenue que te orienta sin describir completamente el camino. En cualquiera de los casos, tener una brújula personal no significa poseer una certeza rígida, sino poder reconocer lo que nos sostiene en medio del movimiento y el cambio.
La idea contemporánea de propósito suele asociarse al rendimiento y a la necesidad de estar continuamente motivadas y alineadas con unas metas externas. Al preguntarnos por el sentido, desde esa mirada, corremos el riesgo de caer en el utilitarismo: ¿para qué sirves?, ¿qué cosas produces?, ¿qué justifica tu esfuerzo? Pero los propósitos no necesitan estar orientados hacia la productividad, la vida no puede reducirse a ser explicada en términos de eficiencia y eficacia. Preguntarse por el sentido no es buscar optimizar la existencia, sino tratar de habitarla de la forma más coherente posible.
Viktor Frankl lo expresa en El hombre en busca de sentido al decir que la principal fuerza motivadora del ser humano es “la lucha por encontrar un sentido a su vida”. Su propuesta de la logoterapia parte de la idea de que no vivimos solo para evitar el dolor o acumular poder, sino para encontrar significado. Pero esta búsqueda de sentido no es una obligación de tener todas las respuestas de forma inmediata. La brújula personal no es un instrumento de productividad, sino una orientación interior para no perdernos por completo en el mundo y su devenir.
Aceptar esta búsqueda implica aceptar también la falta de claridad. Rilke dice en sus Cartas a un joven poeta: “ten paciencia con todo lo que no está resuelto en tu corazón, e intenta amar las preguntas mismas”. El propósito no siempre aparece de forma nítida e inmediata; a veces, es solo una sensación sutil de dirección que va marcando el ritmo. En muchos casos, vivir las preguntas es la única forma auténtica y honesta de avanzar.
Otras tradiciones han pensado el sentido desde la idea de la coherencia y la movilidad. En el pensamiento indio, el dharma no nombra una misión fija ni una vocación definitiva, sino una manera de estar en el mundo en relación con el momento vital, las circunstancias y los vínculos que nos atraviesan. El dharma no se descubre de una vez: se practica en lo cotidiano, se ajusta, se transforma con el tiempo. Más que un destino o una meta, es una orientación ética que articula lo personal y lo relacional y que se sostiene mientras se camina, tal como una brújula.
En este punto, resulta valioso dialogar con Nietzsche. Cuando afirma que “quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”, señala la potencia que tiene el sentido de la vida. Sin embargo, leída sin cuidado esta idea puede volverse peligrosa. El riesgo aparece cuando el porqué se transforma en una justificación para soportarlo todo o para exigirte soportarlo todo, incluso aquello que desgasta, daña o deshumaniza. Tener una brújula no debería implicar aceptar cualquier camino.
Tal vez por eso conviene desconfiar de los discursos que exigen total claridad y entrega. Cuando el sentido se convierte en consigna, cuando se presenta como algo que debe justificarlo todo, aparece también la tentación del sacrificio sin medida: soportar casi cualquier cosa en nombre de aquello que se supone da sentido. Pero no todo lo que se soporta es digno, ni todo lo que se justifica en nombre del propósito cuida la vida. Reconocer lo que nos sostiene implica también aprender a poner límites, soltar aquello que ya no nos orienta, mantener la coherencia interna y aceptar que una fuente de sentido puede agotarse sin que eso implique un fracaso.
Aquí puede ser interesante recordar que el sentido no es solo un asunto interior e individual. Hannah Arendt decía que el significado se revela en la pluralidad, en la acción y el discurso compartidos, en lo que ocurre entre las personas. Nuestro mundo no puede reducirse al trabajo y la producción. Se necesita un espacio donde las acciones tengan valor en sí mismas. A veces el sentido no nace de lo que hacemos para rendir, sino del cuidado que ofrecemos y recibimos, de la amistad que acompaña, de las decisiones que sostienen nuestra coherencia interna.
Por eso, quizá la pregunta: ¿para qué trabajas?, no necesite una respuesta perfectamente definida, sino la atención de volver a la dirección que hoy nos orienta sin exigirle permanencia. Tener a mano nuestra brújula personal no es aferrarnos a una certeza absoluta o a una meta, sino encaminarnos en una dirección que nos da sentido mientras todo lo demás se mueve.
El hecho de que la vida no tenga ningún sentido
es una razón para vivir, la única en realidad.E. M. Cioran
Reto semanal: encontrar tu brújula
Escribe una frase breve sobre lo que te sostiene hoy, sobre ese propósito que te guía en este momento. No lo hagas exigiéndote claridad inmediata o creyendo que es una frase inamovible, sino reconociendo una dirección, aunque esta sea provisional. Déjala a la vista como un recordatorio sutil, no como un mandato.
Para seguir explorando
En esta charla TED, Carmen Martínez Alonso propone el propósito no como una consigna motivacional, sino como una búsqueda de coherencia entre la vida personal y el trabajo.
En esta charla TED, Daniel Bonifaz reflexiona sobre el sentido como una búsqueda personal que no sigue un ritmo único ni un camino prefijado
